caminos de obba


Obbá Yurú: es hija del potentado Obatala En cierta ocasión, su madre, Iorokó Ikú (pues nace de la tierra de la ceiba) la encontró in fraganti manteniendo relaciones con su padre, y le odió tanto que, de los pelos, la envió a ensuciarse con el lodo de las profundidades de un arroyo empleado como desaguadero de una curtiembre, mostrándola por todo el pueblo, haciéndole saber a la gente lo que había hecho. Fue desterrada, ampara y recogida por Naná Buruké y, desde entonces, vive en las criptas del cementerio, notándosele su vientre hinchado del incesto. Desde ese entonces se la considera protectora de las mujeres públicas, y todos sus pedidos se refieren a la curación de enfermedades venéreas o de bajo vientre de la mujer. Tiene 32 avatares, entre los cuales, también es asociada a la infidelidad y a las desgracias de familia cuando hay una “oveja negra” en el clan. Solo come ebbó, y este se deposita al pié de una gran ceiba u ombú, árbol que representa a su progenie.    
 
Obba Labbí (Labbí Ikú): es la de tumba negra. Muy invocada por los lukumí en sus rituales de alta magia, está identificada con los Eggúns e Iwin. Solo trabaja para el mal, y en muy escasas oportunidades hace de benefactora. Le corresponde como atributo una navaja de doble filo. Tiene más de sesenta caminos en estas prácticas, y no es aconsejable entrarla a casas de Ocha, pues provoca unos desórdenes impresionantes, ya que no se lleva con casi ningún orishá. Es más afín con el mayomberismo
 
Obbá Lubbé: en este pasaje se la conoce cuando está junto a Changó. Es gran conocedora de la magia y la hechicería, y es otra vieja dijinga venida de tierra Ijeyá. Es muy invocada para liberar maleficios o ataduras, en especial la de aquellos hombres sometidos a una unión forzada de pareja. Entre sus atributos tiene: escoba de bruja, varita mágica y mortero. En su manilla de cobre se dibuja o se labra una estrella de cinco puntas.
 
Obbá Guirielú: es cuando vive sobre una piedra en un lago. Cuenta la leyenda que al querer tirar el ebbó que le había preparado a Xangó en el lago de Olossá, el viento se lo volvió y, cayo presentado sobre una gran piedra. Allí quedó llorando y suspirando por él. A veces, cuando hay vientos, en ese lugar todavía se escucha su lamento. En esa jurisdicción es donde se deposita su ofrenda, que habitualmente se refiere a: retorno del ser amado, unidad entre los seres de la familia, regreso de un hijo, etcétera...
 

Obba Baiaró (Baba Aoró): es cuando resuena como torrente de río de una cascada. Cuando alguien anda por el monte, sentirá como fluye el agua desde algún cerro, que cae violentamente y golpea las piedras de Xangó, como si las estuviera castigando. Es que Baba Aró le reprocha a Ochún por su oreja. En esa jurisdicción se ofrenda en su ritual cuando los pedidos se refieren a reproches de todo tipo. En su nombre, con unas varas de mimbre o coligue, se azotan las aguas y las piedras, para que el pedido de pronta respuesta a la réplica. También atiende cuestiones de demanda en contra de la “amiga que me engañó...”  
 
Obbá Le Anagoro (Aggoró): es cuando enojada, sale del curso de las aguas de Ochún, el río más grande. Esos ramales a ella le pertenecen. Allí se hacen sus ofrendas y baños de descarga. Es una Obbá muy agresiva, en especial cuando una persona engañada ingresa a prácticas de alta magia de manera desordenada. Con su bravura, limpia y manda en contra de quién cometió el sacrilegio. Es justiciera, pendenciera y guerrera innata. Se la representa en un receptáculo de madera dura, labrado de forma de una oreja, donde se asienta su Otá. Es de tierra Arará, y carga consigo 101 caminos. Habla por Ifá, con los cocos, en Iworé y Oggundá (3 - 9)   
 
Obbá Eloí Gwnnero: cuida la casa y la familia como gran madraza. Calza en ambas manos una navaja muy filosa, y se mueve en la guerra, cuando defiende su clan, como sí una “minya oriental”. Su fundamento se consagra en una sopera de porcelana semicurva, en la que se asienta un otá de río de forma de oreja, y dos otá redondos que muestran los ojos agigantados de ésta orishá, pues “todo lo ve y todo lo escucha...” Mora a las entradas de los cementerios, cerca de alguna cripta gris o blanca. Es muy compinche con Yewá.Obbá Oniroco (Oní Ocó): es la Obbá de la guerra, que guía las almas al cementerio. Por este camino es esposa de Babaluayé, quién le curó sus heridas y arregló su tímpano. Es muy peligrosa, y capaz de hacer cualquier cosa por un pedazo de carne cruda. También es recomendable no llevarla a los Ilé, en especial cuando hay niños o se hacen festividades para los Ibejis.

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